Normalmente usamos la fuerza mínima necesaria para realizar una tarea. Ésta
viene de los impulsos que las unidades motoras envían al músculo para
contraerse.
Aún cuando hacemos nuestro “máximo esfuerzo”, sólo usamos el 65% de estas
unidades. Esto es gracias a un tope natural que evita que nos lastimemos: El
dolor.
Sin embargo, cuando nos encontramos en una situación de mucho estrés,
nuestras glándulas adrenales liberan una carga de adrenalina al torrente
sanguíneo , y los músculos se llenan de oxígeno y energía.
Al mismo tiempo, nuestra sensibilidad al dolor disminuye, lo que permite la
activación de muchas más unidades motoras. El resultado: la superfuerza.
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